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Refugios.

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Y al final,
el último refugio,
tendrá que ser,
un corazón abierto.
Una palabra sin miedo para volver,
a volar sobre los vientos;
una nube clara bajo los pies,
una trinchera,
de brazos descubiertos.                                   iñaki.

A mi padre. In memorian.

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mi padre y uno de sus bisnietos



Hoy vuelvo a dejar que bese, mi corazón suavemente el suelo, junto a ese surco que la tierra abre, para recibir a los hombres buenos. Ese nido donde brilla la verdad, pues la luz de las estrellas tiene dentro, Hoy vuelven  mis jaras a brotar, para alcanzar con sus pétalos el  cielo, El ciclo de la vida se cierra en la bondad; dejando en su interior la esencia de lo bello; el amor, la única manera de traspasar, la invisible puerta que imagina el tiempo. Te has ido padre dejando un halo de paz, sobre los corazones que lloran tu vuelo, el regalo de una primavera de verdad, pues ya sabemos que llega sin invierno. Para siempre donde estemos, tú estarás, allí donde el amor reúne en su seno,  a tantos que ya forman la unidad, en el vibrar de esa luz, que nos alumbra por dentro.


                                                                                                 iñaki.






Despidiendo,el invierno y otras cosas.

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El adiós de un instante,
es el hola! de un mañana,
la nube donde se refleja,
la luz que nace del alma,
el párrafo que comienza,
un texto sin acabar;
sus letras ya son del aire,
su voz ya fue derramada,
ahí, donde el corazón guardó,
la gratitud encontrada.


                                                                                     Iñaki.

recogiendo.

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Recojo, el vuelo de las letras ateridas,
sobre la insoportable, levedad de las palabras,
y guardo el frío de la distancia de los días,
sobre el páramo donde hiberna la esperanza.
Atrás queda el camino, que se abría,
sobre el instante donde todo comenzaba,
aunque hoy, aún espere en el punto de partida,
la señal del horizonte, que el interior nos guarda.
El interior es ahora, albergue de semillas,
y su primavera, río de aguas estancadas,
algún día quizás, los ojos de las orillas,
harán crecer la flor, donde mi voz duerme apagada.


                                                                                              Iñaki.